El mundo funerario en el Museo de Huesca

© Foto Fernando Alvira. Museo de Huesca.

© Foto Fernando Alvira. Museo de Huesca.

En el día de Todos los Difuntos queremos recordar uno de nuestros itinerarios temáticos que con el título “El mundo funerario en el Museo de Huesca” nos ofrece una lectura alternativa de nuestras colecciones centrada en la visión que sobre la muerte se ha tenido a lo largo de la historia a través de diferentes rituales funerarios.

Este itinerario está disponible en nuestra página Web pero también es accesible al visitante que pasea por nuestras salas gracias a los códigos QR que se encuentran en ellas, solo es necesario un teléfono móvil o tablet con conexión a Internet, una aplicación de lectura de códigos QR y Acrobat Reader para leer archivos PDF en el dispositivo.

La ruta nos lleva en primer lugar al mundo neolítico con el enterramiento individual de la Cueva de Chaves, en la sierra de Guara. A continuación, encontramos el Dolmen de Tella como ejemplo paradigmático del megalitismo en la provincia de Huesca, donde se concentra la totalidad de los dólmenes aragoneses. Estos eran enterramientos colectivos y en su construcción se utilizaron grandes y pesadas piedras que representaban la inmortalidad. En la Edad del Hierro surge un nuevo ritual: la incineración, representado con lo se conoce como Campos de Urnas, práctica que se extendió por toda Europa por lo que existe una gran variedad de tumbas según zonas geográficas; en Huesca tenemos el ejemplo de las tumbas de El Castellazo en Robres.

Para los romanos la inscripción funeraria, como la de Porciano en la imagen, era muy importante pues el olvido era la verdadera muerte. El ritual romano fue evolucionando de la inhumación a la incineración hasta que por influencia del cristianismo se impone de nuevo la inhumación, ya que el cuerpo debía permanecer intacto hasta el día de la resurrección. De esta época paleocristiana son las laudas decoradas con la técnica del mosaico que se colocaron sobre las sepulturas de Coscojuela de Fantova.

De la Edad Media musulmana tenemos un ejemplo de enterramiento infantil del asentamiento de Zafranales, curiosamente el bebé se enterró bajo el suelo de una vivienda. Este tratamiento especial para los bebés que fallecían con poca edad consistía en depositarlos bajo el suelo de las casas o en sus cercanías y ya se hacía en la Edad del Hierro y en época romana. En la Edad Media cristiana se continúa la costumbre egipcia y romana de utilizar sarcófagos para los enterramientos de las grandes personalidades: reyes, nobles y alto clero. En el Museo de Huesca se conserva el sarcófago de la infanta proveniente del panteón real femenino de Santa Cruz de la Serós, una importante pieza del románico aragonés.

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