Baja Edad Media: el gótico

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El arte gótico se desarrolla en Aragón durante los siglos XIV y XV, dejando un legado muy abundante de pintura sobre tabla que demuestra la existencia de diversos talleres y tendencias artísticas. La pintura gótica se nutre de influencias francesas, italianas y flamencas que dan lugar a los estilos que marcan su evolución. El gótico lineal se caracteriza por una marcada línea de dibujo; el estilo internacional destaca por su colorido rico en oro y el gótico hispanoflamenco es detallista, consiguiendo nuevos efectos de plasticidad y luminosidad gracias al uso del óleo.

Hay que destacar que el Museo de Huesca posee en sus colecciones fondos de pintura gótica correspondiente a la segunda mitad del siglo XV de las dos corrientes que se desarrollaron en este periodo, la naturalista y la hispanoflamenca. Dentro de la primera destacan las tablas de San Vicente mártir y El Calvario realizadas por Bernardo de Arás, autor documentado entre 1433 y 1472.

De la corriente hispanoflamenca, iniciada hacia 1470 a partir de la presencia de Bartolomé Bermejo en Aragón, destacan dos predelas. En la primera, figura en el centro Jesucristo doloroso, flanqueado a la izquierda por San Damián y Santa Quiteria y a la derecha por Santa María Magdalena y San Cosme, obra del taller de Martín Bernat – Miguel Jiménez. En la segunda, ocupa la tabla central Cristo de piedad, a la izquierda Santa Catalina y La Virgen y a la derecha San Juan y Santa Lucía, obra del círculo de Bartolomé Bermejo. Ambas predelas se fechan hacia 1475-1490.

Del mismo modo, forma parte de la colección del Museo de Huesca la tabla de San Juan Bautista, obra de Juan de la Abadía el Viejo, que formó parte del banco del retablo que pintó para la cofradía de Santa Catalina de Alejandría y que tenía su sede en la iglesia de Santa María Magdalena de Huesca. Solo a Miguel Jiménez, documentado entre 1462 y 1505, se deben La mujer adúltera y cinco tablas entre las que figura Nuestra Señora del Rosario, flanqueada por cuatro santos entronizados. Por último, destacar a Pedro García de Benabarre, pintor de retablos documentado en Aragón y Cataluña entre 1445 y 1483. Este tuvo gran actividad gracias a la presencia en su taller de colaboradores y discípulos que lo convirtieron en modelo a imitar haciendo que su estilo perdurase en el Alto Aragón oriental y en la provincia de Lérida hasta comienzos del siglo XVI. Está presente en el Museo de Huesca con obras como la tabla de La Resurrección procedente del retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora de Baldós de Montañana (Huesca).