La Resurrección de Pedro García de Benabarre

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El Gobierno de Aragón ejerció en 2013 el derecho de tanteo y la adquirió mediante subasta pública. Hasta entonces había permanecido en una colección privada de Barcelona. La tabla formaba parte del retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora de Baldós de Montañana (Huesca), que fue desmontado y vendido por partes en 1923. Está pintada al temple sobre un soporte de madera con algunos detalles en relieve en estuco dorado.

La resurrección. Pedro Grarcía de Benabarre. Temple sobre tabla. Ca. 1445 - 1485. NIG. 11401. @Foto Museo de Huesca.
La Resurrección. Pedro García de Benabarre. Temple sobre tabla. Ca. 1445 – 1485. NIG. 11401. Museo de Huesca

La tabla de Montañana ocuparía en origen el segundo piso de la calle exterior derecha (lado de la epístola) del cuerpo del retablo. Este estaba formado por dos puertas laterales con las imágenes de San Pablo y San Pedro, una predela y un cuerpo de cinco calles y tres pisos. Este cuerpo albergaba en su calle central la imagen escultórica de Nuestra Señora de Baldós bajo un gran dosel de tracería gótica y en las calles laterales un conjunto de doce escenas relacionadas con las vidas de Cristo y la Virgen, culminadas probablemente por un Calvario en el ático.

A partir del trabajo de algunos investigadores y de una foto conservada en el Instituto Amatller de Arte Hispánico de Barcelona, en la que se ve el retablo completo y en su ubicación original, se han podido localizar actualmente algunas de sus tablas en diversas colecciones públicas y privadas de todo el mundo (Museo Nacional de Arte de Cataluña, Museo de Bellas Artes de Sevilla, Museo de Bellas Artes de Budapest, Colección Montllor de Nueva Cork, Colección Lladó de Madrid).

La obra se adscribe estilísticamente al gótico hispano flamenco, en el que destacan Juan de la Abadía, del que se conserva abundante obra y documentación y Pedro García de Benabarre, autor de esta obra, documentado en Aragón y Cataluña entre 1445 y 1483. Este tuvo gran actividad gracias a la presencia en su taller de colaboradores y discípulos, que lo convirtieron en modelo a imitar haciendo que su estilo perdurase en el Alto Aragón oriental y en la provincia de Lérida hasta comienzos del siglo XVI.

La tabla, a su llegada al Museo de Huesca se encontraba en buen estado de conservación, si bien la capa pictórica presentaba craquelados en toda su superficie, así como pequeñas pérdidas de la misma en su perímetro. Igualmente poseía repintes no coetáneos en alguna zona muy puntual del paisaje y los laterales. Por ello se procedió a una restauración encaminada a solventar estas pequeñas patologías, asentando el color y reintegrando las zonas de lagunas.

Museo de Huesca