Cuando en el área de restauración y conservación del Museo de Huesca nos enfrentamos a la posibilidad de intervenir sobre un objeto arqueológico en la mayoría de las ocasiones este procede de una excavación. Son piezas que no han recibido tratamiento alguno desde su extracción en el yacimiento, a excepción del lavado tras la excavación o la unión provisional de fragmentos que, para su clasificación y estudio, realizan los arqueólogos.

Se dan otros casos donde, por distintos motivos, es preciso actuar sobre piezas que ya han sido tratadas en el pasado. Esto ocurre cuando la intervención ha quedado obsoleta por envejecimiento de los materiales, por cambios en los criterios de restauración o cuando existen deficiencias en la actuación que incluso pueden llegar a influir perjudicialmente en la conservación de la pieza .

Todo esto sin menospreciar dichas actuaciones ya que, con toda seguridad, fueron realizadas con la intención de mejorar su conservación, disponiendo de medios mucho más precarios que los actuales y gracias a ellas las piezas han tenido una continuidad en el tiempo.

Este es el caso del kálathos ibérico (NIG 10465) procedente de Olriols y perteneciente a la colección Santisteve hasta su depósito en el Museo de Huesca.

Es una pieza de cerámica hecha a torno con pasta anaranjada muy depurada y de cocción oxidante. Su borde es plano, el cuerpo con asas horizontales es cilíndrico y presenta un ligero estrangulamiento central, el fondo es umbilicado. La decoración está pintada a dos bandas en tonos rojizos con motivos geométricos semicirculares, ondulados y en S.

Sus medidas son:

  • Diámetro de boca: 35 cm.
  • Altura: 26 cm.
  • Diámetro base: 28 cm.

En el momento de su alta en el área de restauración el kálathos presentaba un estado de conservación deficiente y preservaba, aproximadamente, un 40 % del original muy fragmentado. La pasta cerámica aparecía compacta, aunque se apreciaban zonas de desprendimientos por presencia de pequeños caliches. La decoración pictórica se había perdido en numerosas zonas, conservándose el resto muy difuminada y quedando cubierta, en ocasiones, por concreciones muy compactas y adheridas. En superficie se observaban eflorescencias salinas, así como una capa de suciedad generalizada que recubría la pieza.

El kálathos había sido restaurado con anterioridad. Sus fragmentos habían sido unidos desigualmente con cola de impacto generando desniveles y aberturas entre ellos que contribuían a la inestabilidad del conjunto. Además, el adhesivo rebasaba en múltiples puntos cubriendo la superficie original. La reintegración de escayola que completaba la forma de la pieza estaba aplicada de manera muy irregular, superponiéndose y ocultando zonas de la misma; en la base y paredes había sufrido pérdidas, además de presentar numerosas grietas que la debilitaban. En el interior de la pieza aparecían como refuerzo varias anillas de alambre, oxidadas en tramos, que se encontraban unidas a la cerámica mediante una gran capa de escayola y adhesivo.

Aspecto general de la pieza antes de la intervención.

Alteraciones de la reintegración de escayola.

Refuerzo de alambre y escayola sobre la superficie interior, apertura de unión entre fragmentos y adhesivo sobre el original.

Concreciones calcáreas, escayola, eflorescencias salinas y restos de adhesivo sobre la policromía.

Para preservar en óptimas condiciones la pieza se decidió retirar la restauración anterior e iniciar un nuevo tratamiento.

El primer paso fue la eliminación de la reintegración de escayola que se realizó por inmersión de la pieza en baños de agua desmineralizada para facilitar el proceso. A continuación, se separaron los fragmentos mediante vapores de acetona, de esta manera se evitó forzar las uniones y su posible rotura.

Fragmentos tras la retirada de la escayola y en cámara de vacío con vapores de acetona para eliminar el adhesivo.

Con la ayuda de bisturí, lápiz de fibra de vidrio y cepillos suaves se eliminaron mecánicamente los restos de material antiguo que permanecían todavía en la pieza. También con medios mecánicos se retiraron las concreciones calcáreas y con un suave cepillado las eflorescencias salinas.

Insistiendo con cepillos dentales e hisopos impregnados de acetona se retiró la totalidad del adhesivo que rebasaba el original y el que permanecía en las uniones para facilitar así la correcta adhesión posterior de los fragmentos. Con hisopos impregnados en agua desmineralizada y alcohol etílico se retiró la suciedad superficial.

Según se iban descubriendo los restos de la decoración pictórica, enmascarada por los numerosos depósitos superficiales, se procedía a su consolidación mediante la aplicación con pincel de resina acrílica al 2 % en acetona.

El siguiente paso consistió en la eliminación de las sales solubles para evitar que su presencia en el material cerámico causara futuros deterioros por los procesos de cristalización que provocan roturas y pérdidas de material original. Durante 18 días se procedió a la inmersión de los fragmentos en sucesivos baños de agua desmineralizada y se realizaron mediciones de conductividad hasta conseguir la extracción total de las sales.

Para el montaje de la pieza se procedió a la unión de los fragmentos con adhesivo de resina acrílica B72. Las lagunas se reintegraron con escayola dental mezclada con pigmentos tierra. Se consiguió el acabado final de estas zonas con la ayuda de bisturís y papeles abrasivos, dejando la escayola a un nivel inferior de la cerámica original para facilitar el reconocimiento de la zona añadida y con la aplicación mediante vaporización sobre estas zonas reintegradas de resina acrílica al 2 % en acetona mezclada con pigmentos.

Por tratarse de un tanto por ciento muy elevado de zona perdida se siguió el criterio de no reintegrar formalmente toda la pieza, intentando con la reconstrucción llevada a cabo aportar estabilidad a la pieza en las zonas donde existía riesgo de pérdidas o había fragmentos expuestos por falta de apoyos para, de este modo, garantizar su adecuada conservación. 

El kálathos de Olriols una vez finalizada la intervención de restauración.

Una vez finalizados los tratamientos de restauración, continúan las labores de conservación para garantizar la perdurabilidad de las piezas. Tanto en salas de exposición como en zonas de reserva o transporte se recomiendan unos parámetros ambientales que deben ser estables, evitando las oscilaciones y los cambios bruscos de temperatura y humedad, también debe garantizarse una iluminación correcta y evitar la acumulación de partículas de polvo y suciedad.

En este caso, al tratarse de una pieza de cerámica, material inorgánico y por lo tanto estable, se procura que permanezca con una humedad relativa entre el 45-50 %, una temperatura de entre 18-20 ºC y una iluminación que no supere los 300 lux.

Menú